Francisco Pírez vivió su infancia y adolescencia en un hogar del Iname (Instituto Nacional del Menor) donde forjó un gran espíritu de superación. "Yo estudié porque no quería volver a vivir los padecimientos que sufrí cuando era niño", dice. Su madre lo abandonó, y a su padre, pidió no verlo más a los 13 años.
Montevideo, Uruguay, 19 de abril del 2010.- Francisco Pírez, un joven abogado afrodescendiente, representará a Uruguay en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Pírez vivió su infancia y adolescencia en un hogar del Iname (Instituto Nacional del Menor, actual Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay ), donde forjó un gran espíritu de superación.
"Yo estudié porque no quería volver a vivir los padecimientos que sufrí cuando era niño", dice Pírez, de 30 años. Tras vivir su infancia y adolescencia en el Iname, llegó a un alto pedestal: será la voz de Uruguay ante la OMC.
Como informa la reseña del diario El País, de Montevideo, en febrero, luego de haber trabajado durante tres años en el estudio Ferrere tras haberse recibido de abogado en la Universidad Católica (que becó buena parte de su carrera), Pírez evaluaba viajar a Estados Unidos ante una posibilidad laboral. En ese país, en 2009, obtuvo su maestría en Comercio Exterior en la Universidad de Tucson, Arizona, y también estudió inglés. Sin embargo, un llamado del subsecretario de Industria, Edgardo Ortuño, que lo conocía desde 1998, y luego del canciller, cambiaron sus planes. El lunes 12 se firmó la resolución nombrándolo como jefe de la delegación de Uruguay ante la OMC, y el viernes pasado fue designado embajador del Servicio Diplomático.
Así, Pírez será la primera persona de raza negra que representará a Uruguay en ese organismo internacional cuya sede se encuentra en Ginebra, Suiza, adonde Pírez viajará el mes próximo para asumir en su nuevo cargo, en sustitución del actual representante del gobierno uruguayo ante la OMC, Guillermo Valles Galmés.
Pírez intuyó, cuando era pequeño, que el estudio sería su salvación y esa hipótesis la reafirmó en la juventud. Debía enfrentar dos escollos: provenir de un hogar del Iname y ser afrodescendiente. La semilla de esa certeza la colocó en su cabeza el director del hogar Salterain, Elbio Martínez, quien estimulaba el estudio entre los internos mediante consejos y penitencias, indica El País. Sin embargo, muy pocos de ellos lograron terminar el liceo.
Pírez inició su periplo por el Iname (actual Inau) siendo un niño. Su madre se fue de la casa de la familia en el barrio del Cordón dejándolo a él y a sus tres hermanas de 12, 9 y 6 años. Durante seis años Pírez vivió con su padre, quien se dedicaba a la albañilería y en las temporadas veraniegas vendía helados. Un problema entre su padre y su hermana mayor llevó a la separación de la familia tras denuncias de vecinos. "Estábamos en una situación de casi abandono", recuerda Pírez. Mientras las hermanas fueron derivadas a un convento católico, él ingresó al Hogar Suárez del Iname. Al poco tiempo lo trasladaron al Hogar Garibaldi, donde vivió 8 años.
En 1988, el Iname inauguró el Hogar Salterain, ubicado sobre la calle homónima. Pírez estaba en la lista de 12 niños que allí fueron derivados. "Yo era un niño callado. Me costaba la integración con los otros internos", relata. Cada tanto se veía con sus hermanas, lo que le permitió mantener el vínculo con ellas. A su padre, Pírez lo vio por última vez cuando tenía 13 años. "Le dije que él siguiera con su vida y yo con la mía. El comprendió y nunca más me buscó", cuenta, según cita El País.
Terminó el liceo en el Zorrilla con una calificación promedio de ocho. Al mismo tiempo, estudiaba inglés y cumplía a rajatabla las actividades que el director Martínez fomentaba en el hogar, como ajedrez, teatro, carpintería y tallado en madera. "El ambiente del hogar estaba preparado para que te sientas en tu casa. Yo tenía ropa limpia, comida y agua caliente para bañarme. Antes del hogar no tenía eso", recuerda.
En el último año del Ciclo Básico, Pírez comprobó que el estudio "achicaba" la brecha entre ricos y pobres. Y eso fue lo que lo motivó para terminar el liceo y estudiar abogacía.
Fuente: Cope |