
Porlamar, Venezuela, 27 de septiembre del 2009.- Con ambiciosos planes para la integración "Sur-Sur" cerró el domingo una cumbre Sudamérica-África, pese a los pocos resultados concretos que arrojaron dos maratónicas jornadas de discursos cargados con una desafiante retórica contra las potencias occidentales.
Uno tras otro, líderes de ambas regiones -desde el libio Muammar Gaddafi al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva- desfilaron por la II Cumbre América del Sur-África (ASA), en la que el anfitrión Hugo Chávez dirigió unas reuniones repletas de propuestas para unir a las empobrecidas naciones del sur.
Pero el encuentro, celebrado bajo el sofocante calor de la isla de Margarita, en el Caribe venezolano, también puso de relevancia la dificultad de aunar voluntades entre países sacudidos por tensiones internas y conflictos regionales.

"No podemos fallarle a las esperanzas de nuestros pueblos, esto es una nueva hora de nuestra historia. Ha habido varios empeños, pero esta es la hora y las condiciones están allí y las que no estuvieren tenemos que crearlas con nuestra fuerza, con nuestra pasión, con nuestra unidad", dijo Chávez.
Con 60 países representados en la cita y 28 presidentes y jefes de Estado, las propuestas fueron desde crear campeonatos deportivos a un pacto de defensa del Atlántico Sur, aunque fueron pocos los planes concretos más allá de acuerdos marco y alianzas para una mayor integración política y comercial.
En la declaración final del encuentro -de 30 páginas y 95 puntos- los países acordaron trabajar conjuntamente en la lucha contra el delito, y abogar por la seguridad, democracia, gobernabilidad, derechos humanos, agricultura, agua, comercio, inversión, turismo, pobreza, energía y minerales, entre otros temas.
Prácticamente todos los líderes clamaron por la conformación de un nuevo orden mundial y una reforma de los foros internacionales como Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, donde los países pobres exigen una mayor representación.

Y, por supuesto, exhibieron una dura retórica contra las potencias occidentales, a las que acusan de haber saqueado las riquezas naturales de sus naciones luego de décadas de dominio colonial que los sumieron en el atraso y la miseria.
"En África, un mayor desarrollo industrial ha sido difícil por la dependencia de las potencias que nos colonizaron. Ellos realmente no quieren vernos industrializados", dijo el mandatario zimbabués, Robert Mugabe, quien lleva 30 años al mando de uno de los países más pobres del planeta.
PROXIMA CITA, EN LIBIA
Uno de los tópicos más mencionados en la cumbre fue la necesidad de reducir la dependencia económica de Estados Unidos y Europa en pos de una mayor cooperación comercial entre los países del llamado tercer mundo, días después de que se celebrara la reunión del G20 y la Asamblea de Naciones Unidas.
"Es importante que creamos en esto (...) a pesar de que gobernamos nuestros países, en la mayoría (la independencia) aún no está conquistada económicamente, dependemos de (...) los países ricos", dijo Lula, quien recibió el apoyo de la ASA para que Río de Janeiro sea sede de los Juegos Olímpicos 2016.
En este sentido, Chávez, quien busca cimentar la alianza entre Sudamérica y África en su discurso antiimperialista, propuso la creación de empresas mixtas estatales para la explotación de recursos energéticos y minerales.

"Nosotros vivimos en un territorio muy rico, el África y Sudamérica. Y ese territorio muy rico está poblado de gente muy pobre, porque nos han explotado. No permitamos que sigan explotando y saqueando nuestros pueblos", dijo el mandatario.
Gaddafi, quien realizaba su primera visita a Sudamérica e instaló su tradicional tienda beduina en el hotel donde se realizó la cumbre, será anfitrión del próximo encuentro en 2011. Se acordó crear una comisión ministerial permanente para dar seguimiento a los acuerdos.
Muchos de los participantes, como Gaddafi, Mugabe y el propio Chávez, son acusados de no respetar la democracia, los derechos humanos y coartar las libertades en sus países y, en algunos casos, enfrentan fuerte presión internacional.
Chávez, enemigo frontal de Washington pese a que es su principal cliente energético, está bajo un creciente escrutinio por su plan de desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos con la ayuda de Rusia, aunque expertos dicen que tardaría por lo menos 10 años en lograr resultados.

Antes del inicio de la cumbre, uno de sus ministros aseguró que Venezuela está analizando sus probables reservas de uranio con Irán horas después de que Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña amenazaran a Teherán con incrementar las sanciones por construir en secreto una planta de combustible nuclear.
Sin embargo, el ministro de Energía, Rafael Ramírez, trató de templar la controversia generada por esas declaraciones y dijo a Reuters que Caracas todavía no tiene un plan para explorar y explotar sus reservas de uranio.
Fuente: Reuters
Por Julio Faesler
Septiembre, es el mes en que recordamos a los héroes que nos dieron Patria. La reseña oficial ha seleccionado a un número significativo de próceres encabezados por el Cura de Dolores, don Miguel Hidalgo y Costilla. Lo acompañan otros héroes que se incluyen en la ceremonia del “Grito”, evento singular y característicamente mexicano que se escenifica en el Zócalo de la ciudad capital repitiéndose en todas las plazas del país la noche del 15 de septiembre.

En la acostumbrada lista de próceres hay una intencionada omisión de Agustín de Iturbide quien fue, como cualquiera constatará al leer un poco de historia, el que en 1821, llevó a su realización formal la Independencia de nuestro país. Once años, once días después de aquel sonoro amanecer en que el Padre Hidalgo, hombre ilustrado y ex Rector de la Universidad Nicolaíta de Morelia, lanzó su “¡Viva México, Muera el Mal Gobierno y Viva Fernando VII!”.
La Independencia de la Nueva España habría de tardar mucho en llegar. Unidos en un propósito común Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide en 1821, después de una década entera de guerrillas desorganizadas, sólo faltaban las negociaciones de Iturbide para alcanzar el objetivo. La entrada del Ejercito Trigarante a la capital el 27 de septiembre de 1821 marcó el triunfo de la intricada concertación de fuerzas contradictorias de peninsulares, criollos y alto clero para forjar el Plan de Iguala basado en las tres garantías de Unión, Religión e Independencia.
La suerte personal de Iturbide pronto acabó. Su corona imperial le fue rápidamente arrebatada por una conjunción de intereses más poderosos que aquellas que él había podido concertar en un equilibrio en extremo inestable. Fuerzas interiores y presiones exteriores particularmente desde el norte, se encargaron de reencauzar el rumbo que, para bien o para mal, habría seguido la nueva nación de continuar el proyecto imperial.
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Los vencedores, los que luego escribieron la historia oficial, se ensañaron luego con la figura de quien tuvo la suficiente astucia para convertir la singular oportunidad para la consumación de la Independencia del país el interminable desorden de guerrillas dispersas que las fuerzas realistas, desorientadas por la confusión que prevalecía en una España ocupada por la invasión napoleónica.
México independiente empezó a nacer aquella mañana de 16 de septiembre, con el histórico Grito de Miguel Hidalgo condenando el mal gobierno y lanzando vivas a un monarca español ausente, enarbolando la imagen de la Virgen de Guadalupe. El prolongado proceso culminó con las negociaciones realizadas por Agustín de Iturbide que abocaron en los Tratados de Córdoba de agosto de 1821.
La historia de nuestro país debe ser entendida como la sucesión de eventos que produjeron avances o retrasos en la evolución nacional respecto a objetivos válidos que se deben juzgar desde perspectivas de mediano o, mejor aún, largo plazo. La meta que la comunidad mexicana tenía a principios del Siglo XIX era de plena independencia, dejar atrás la época de Nueva España para inaugurarse en una era más allá del simple autogobierno.
Agustín de Iturbide, pese a toda la degradada imagen que sus enemigos del momento y los posteriores han desarrollado en torno a su persona, tiene el inevitable mérito de haber consumado la Independencia que los fraccionados intentos de once años no habían podido entregar al pueblo.
Este 27 de septiembre es pues, al lado del 16, también fiesta nacional.
25 se septiembre de 2009
juliofelipefaesler@yahoo.com |
China, ahora inversionista: ejemplo económico mundial |
Por Herminio Hernández Ramírez
herheram@yahoo.com.mx
China, la eterna China en nuestros comentarios: cultura, ejemplo del comunismo, dimensión de su población, la pobreza cruda vivida durante siglos y ahora potencia mundial en ciernes. ¿Dónde y cuándo cambió todo? ¿Por qué México no ha evolucionado así? ¿Qué hizo el cambio? Varias son las razones, pero el punto es que esa nación ha rebasado con creces la parte de desarrollo de exportaciones, para ser ahora un ejemplo creciente de desarrollo en las inversiones internacionales.
China, la conocida
Con tantos habitantes – 1,400 millones en la actualidad -, el gobierno chino decidió incursionar en el capitalismo en beneficio de la paz social y de su población. Con un gobierno comunista, a partir de 1978 decidió abrir su economía para fomentar fuentes de trabajo, depender menos del campo y generar riqueza nacional. ¿Cómo? El gobierno decidió la apertura económica paulatina de cada una de sus provincias, permitiendo la introducción capitalista a través de la inversión extranjera, la importación de productos y la apertura migratoria. Mediante plazos definidos en años, el gobierno autócrata decidió una por una las provincias que se abrirían al mundo económico: inversiones en infraestructura, edificación de vivienda y clusters de oficinas, inversiones en el campo, etc. Así, al paso del tiempo han surgido ciudades inmensas. De acuerdo a Le monde Diplomatique, el número de las ciudades chinas se ha cuadriplicado, ya que cerca de 700 nuevas ciudades han brotado y se han expandido las existentes. La población urbana de China se ha triplicado, es ahora de 560 millones, es decir, el 40% del total de la población. Se espera que de aquí al 2030 unos 400 millones de habitantes rurales se muden a las ciudades convirtiendo a China en un país en la práctica totalmente urbanizado.

Sabemos que los grandes capitales se han ido a esa nación aprovechando la mano de obra barata, su alta disponibilidad y entrega obligada – obreros trabajando y viviendo en grupos en bodegones semi acondicionados durantes meses o años, ganando un salario mísero y comiendo lo indispensable.
Aunque ese país tiene aún mucha pobreza, sabemos también que gracias a la estrategia económica seguida, cuenta hoy con un segmento de ricos mayor al del total de la población de la República Mexicana. China ya ha estado invadiendo al mundo y de ello estamos conscientes todos. Pero la invasión visible es de mercancía – juguetes, productos eléctrico-electrónicos, prendas de vestir, artesanías mexicanas como la Virgen de Guadalupe, el lábaro patrio, etc. – lo cual contrasta ahora con algo que no vemos. China ha abierto sus puertas a la inversión extranjera y es factor determinante del crecimiento de esa nación. Pero ahora China es también un país que va ganando terreno rápido como inversionista en varias partes del mundo. Increíble, ¿verdad? Ahí va la historia.
China, la inversionista
Por más de 30 años, China ha sostenido un alto crecimiento económico derivado de la producción de bienes destinados a la exportación, sin que ello haya significado una presencia mundial importante fuera de sus fronteras. Sin embargo, la expansión de las economías de escala en la manufactura doméstica ya no es suficiente en sí misma para impulsar el crecimiento, de tal suerte que las compañías de esa nación están siendo encausadas a pelear por los grandes márgenes de ganancias que tradicionalmente han sido concedidos a los socios extranjeros capaces de operar internacionalmente.
La historia de los flujos de inversión china al extranjero es corta, pero espectacular. Prácticamente inexistentes cuando iniciaron las reformas económicas en 1978, permanecieron insignificantes hasta 2004. No obstante, ya para 2007 su volumen se elevó a 25 mil millones de dólares, para duplicarse y llegar a 50,000 millones en 2008. El inventario total de inversiones chinas fuera del país alcanzò cerca de 170 mil millones de dólares en ese último año, cifra que incluye créditos y participaciones accionarias.
Asì lo establece un muy interesante estudio del Peterson Institute for International Economics dado a conocer el pasado mes de junio. El reporte se intitula China´s Changing Outbound Foreign Direct Investment Profile: Drivers and Policy Implications ( Cambios en el Perfil de China como Inversionista Extranjero: Conductores e Implicaciones Polìticas) y fue elaborado por Daniel H. Rosen and Thilo Hanemann.
Las grandes empresas chinas propiedad del Estado y que por lo mismo cuentan con un mercado doméstico protegido (especialmente en las áreas de recursos naturales, infraestructura y logística), empezaron a invertir en el exterior a principios de los ochenta y aún dominan este papel debido a los altos costos que implican los proyectos en estas actividades. Así, el volumen de los préstamos anunciados por el Banco de Desarrollo de China y el Exim Bank de ese país alcanzaron 46 mil millones de dólares de enero a abril de 2009 repartidos de la siguiente manera: 25 mil millones a Rusia, 10 mil millones a Brasil, 5 mil millones a Kazakhstan, 4 mil millones a Venezuela, un mil millones a Angola y otro tanto a Ecuador.
Conforme a información del Ministerio de Comercio de China, hasta 2007 más de 7,000 firmas de esa nación intervinieron en más de 10,000 proyectos de inversión en el extranjero. El número de firmas que han estado saliendo al exterior anualmente ascendió de 1,000 entre 2004 y 2006, a 1,500 en 2007 y 2008. Desafortunadamente, el Ministerio no publica un detalle acerca de los propietarios, industrias o tamaño de los inversionistas. Lo que si ha sido notorio es que las inversiones se están efectuando en nuevos sectores y provienen ya no solo de compañías propiedad del Estado.
Por supuesto que este fenómeno ha propiciado repentinas preocupaciones de que China está comprando al mundo, pero las cifras duras no lo reflejan aún así. Tanto como inversionista directo como accionario, el papel inversionista chino es aún marginal a nivel mundial. Entre 2000 y 2007 la inversión china directa representó únicamente menos del 1% de los flujos directos mundiales, es decir, una medida similar a la de Austria y los Países Bajos. Estados Unidos tiene una inversión 14 veces mayor. Algo muy similar ocurre al comparar las inversiones chinas en acciones, ya que contribuye con el 0.6% mundial.
Independientemente de ello, 170 mil millones de dólares entre inversiones directas y accionarias o créditos es una cifra realmente impactante. China cambió sustancialmente en 30 años. Ya quisiéramos en México una situación así. Realmente las llamadas economías emergentes no tienen aún un rol importante como inversionistas extranjeros. Más bien se pelean por captar inversiones que proceden del exterior. China – también considerada una economía emergente – sí llama la atención dado su tamaño y que se ha posicionado muy bien para incrementar aún más sus inversiones internacionalmente en los años que vienen. Adicionalmente, parece que el comportamiento económico chino es contracíclico. Ante la crisis mundial y las tasas reducidas o negativas de crecimiento que una gran masa de países estamos enfrentando, China no sólo verá crecer su PIB un 8% este año, sino que duplicó su inversión en el exterior en 2008, frente a una caída de entre 20 y 30% en los flujos de inversión directa globales.
El saldo de la inversión
Hemos visto, conforme al estudio citado en párrafos anteriores, que en 2008 China efectuó una inversión en el extranjero que ascendió a 170 mil millones de dólares. No obstante, y a pesar del vertiginoso aumento de la misma, el balance entre la inversión que sale y la que entra es negativo. China continúa siendo un receptor neto de inversión. Durante ese mismo año, entraron a territorio chino recursos por 876 mil millones de dólares. El saldo es entonces de 706 mil millones. Hay una relación de 5 a 1 entre lo que entra y lo que sale.
China no solamente es un importador neto de inversion, sino que la brecha entre las inversions que salen y las que entran se ha ido abriendo durante los últimos años. En la medida en que China sigue abriendo sus provincias al capitalismo, que crecen sus ciudades y que crece su economía, la recepción de recursos ha sido mucho más rápida que su salida. De esta manera, si ese país recibía inversiones por 50 mil millones de dólares hacia 2004, en 2007 y 2008 el monto se duplicó para alcanzar los 100 mil millones.
Seguramente en los próximos años China continuará siendo un receptor neto de inversiones, pero los volúmenes que maneja hacia el exterior no dejan de ser impresionantes. Algo impensable hace 30 años, sin duda, cuando el ingreso per cápita era de apenas 200 dólares. Aquí la autocracia si ha funcionado en beneficio de la sociedad.
En realidad, el rápido incremento de las inversiones chinas en el extranjero ha sido una necesidad, toda vez que el cambio a un nuevo modelo de crecimiento económico ha empujado a compañías chinas de todos los sectores a ir hacia fuera. Para 2008, los principales motores de la expansión de la economía fueron una inversión doméstica masiva y los superávits de la balanza comercial. En el contexto de este modelo de crecimiento, la inversión directa en el extranjero ha jugado dos papeles:
- Ayudar a establecer la infraestructura necesaria para integrar a China al sistema global de comercio por la vía de eficientar la logística del país y de establecer oficinas internacionales para las compañías comercializadoras chinas
- Asegurar el abastecimiento de materias primas e insumos requeridos por el crecimiento. Los proyectos de infraestructura, de urbanización y la producción de bienes para el consumo interno y externo elevaron sustancialmente la demanda de acero, petróleo, cemento, madera y de otros recursos que no son abundantes en China, por lo cual el país se convirtió en importador neto de ellos en los noventas. Por ello las compañías chinas, preocupadas por la seguridad del abastecimiento y respaldadas por el gobierno, empezaron a salir del país con inversiones
Hecho en China
Con este importantísimo giro de timón, China asegura indudablemente su futuro papel mundial como economía líder. Asegura su abastecimiento de recursos naturales; inicia la manufactura de bienes en el extranjero para aprovechar la disponibilidad de commodities, entre ellos la energía, y con ello deja de contaminar más su espacio; además, se orienta a fabricar internamente aquello que demande una alta generación de mano de obra; y finalmente forma sus empresas de logística internacional para asegurar la pronta llegada de sus bienes y servicios a los consumidores. Excelente la estrategia, sin duda.
Empezaremos a ver las etiquetas de productos chinos ya no indicando Made in China, sino Made in China Abroad. |
Utopía
Chantaje discursivo
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Eduardo Ibarra Aguirre
Conforme se acerca la fecha para decidir por la vía del voto de los 500 diputados el paquete económico, el nerviosismo en el grupo gobernante se agudiza innecesariamente y las muestras de “miopía política” –José Narro Robles dixit-- se expresan con frecuencia en el discurso oficial.
Escribo innecesariamente porque son diversas las voces y fuentes informadas y mejor dispuestas al análisis que al voluntarismo, las que aseguran que el impuesto del 2 por ciento contra la pobreza, “nació muerto” y que ni un milagro lo salvará.
Del conjunto de medidas de política económica para 2010, además del IVA disfrazado, como ya se le conoce, al resto de las propuestas fiscales tampoco le va nada bien. ¡Imagínese usted! hasta Diego Fernández de Cevallos, señalado como el ganador con la ratificación por el Anpri en el Senado de Arturo Chávez Chávez como procurador y antes con la designación del principal funcionario que despacha en el Palacio de Covián, se pronunció abiertamente por “reducir impuestos para ampliar la base de recaudación”. El ingrato deslinde del político y litigante más exitoso y rico de México, seguramente echó a perder la hora feliz dominical en Los Pinos.

Mas no crea usted que al resto del paquete que resume las políticas anticrisis de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa le va bien. Aquí le informé que 88 de cada 100 mexicanos están “insatisfechos” con ellas, lo que significa la tasa más alta de insatisfacción en 20 países como China (22 por ciento), Australia (31), Egipto (37) y Brasil (41 por ciento).
Esta generalizada insatisfacción, además de la que se exprese en calles y plazas y que podría mutar a una parte de la primera en movimiento --a lo que convocó con parsimonia el Consejo Nacional del Partido de la Revolución Democrática, mientras que el Movimiento Nacional en Defensa de la Economía Popular ya está en la acción callejera, así como otros actores sociales--, convirtió al rechazado impuesto generalizado del 2 por ciento en lo que denominan “una pieza de cambio” para negociar con las oposiciones parlamentarias, las de coyuntura y las del rumbo completo, el resto del paquete. Lo dijo con claridad Carlos Navarrete Ruiz: “Hay que quitar esa piedra en el camino para poder avanzar en el resto del paquete”.

Entonces el llamado perredista a la movilización es, en cierta medida, un contrapeso para que Andrés Manuel López Obrador no tenga todo el terreno libre. También acordó aprovechar las condiciones que genera “la crisis política, económica y de inseguridad” para “construir amplias alianzas electorales en los estados”.
Probablemente la dirigencia del sol azteca se guía con la misma lógica de la cúpula legislativa priísta: “Esto se resuelve con votos y nosotros tenemos los necesarios”.
Negociaciones y votos en el Anpri serán unas de las claves para el futuro de los proyectos de ingresos y egresos de la Federación para 2010. Mas el interactuar de 30 legisladores con lo que se diga y haga en calles y plazas del país, no es pertinente desestimarlo, menos cuando 88 de cada 100 mexicanos revelaron insatisfacción en junio-agosto de 2009 con los pésimos resultados del Acuerdo Nacional a Favor de la Economía Familiar y el Empleo que estableció un rápido ejercicio de los recursos públicos y a la fecha sólo se aplicaron la mitad de los asignados.
Esta incapacidad mayúscula para aplicar los programas del gobierno, decididos en el primer círculo del mismo y bajo la conducción de Calderón Hinojosa, explica las aristas más filosas del desastre económico, laboral y alimentario en que se encuentra la nación.
Con la siembra del miedo ante un desastre mayor si no se aprueba el paquete económico, pretenden ocultar incompetencias mayúsculas, crecientes debilidades presidenciales e inhibir el reclamo social.
Acuse de recibo
La sinaloense Lorena Guzmán asegura y exige: “¡No permitiremos más impuestos! Primero que se rebajen el 50% de salarios los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, y gobernadores. Cero prestaciones adicionales a las que marca la ley. Eliminación de los privilegios fiscales”… Hace dos meses, Jorge Meléndez Preciado reveló en Botica que Carlos Castillo Peraza le escribió a su exalumno Felipe Calderón, el 8 de mayo de 1996: “Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra. Si te dejas llevar por ése, entonces no te asustes de no contar ni con tu sombra”… La administración pública de México en su bicentenario es el título del libro más reciente –marzo de 2009 y 560 páginas-- del doctor Roberto Rives, publicado por la Fundación Universitaria de Derecho, Administración y Política… Enrique Cisneros Luján fue internado de emergencia por angina de pecho. El llanero solitito tiene 61 años de edad y es la columna vertebral de Machetearte. Lilia, una amiga común, escribió: Enrique “ha puesto como prioridad su interés por los otros y de pronto nos enfrentamos --él y nosotros-- ante la posibilidad de que nos dejara. Y sí, a veces estamos tan afanados en lo que ‘debemos hacer’ que nos olvidamos de SER”.
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las perlas de Isás
ESTA SEMANA HEMOS TENIDO UNA ESPECIE DE TRILOGÍA EN TORNO AL TEMA DEL PODER MILITAR DE LOS ESTADOS UNIDOS Y SUS PERSPECTIVAS. PRIMERO FUE CHOMSKY, CON SU CONFERENCIA MAGISTRAL, LUEGO WALLERSTEIN CON UN ARTÍCULO QUE EXAMINA EL FORCEJEO INTERNO DE LA POLÍTICA NORTEAMERICANA, Y AHORA AQUÍ, JALIFE, CON UNA NOTA QUE TRATA DE DISECTAR LA DOBLE PERSONALIDAD DE OBAMA.
SALUDOS
RAFAEL ISÁS
El “nuevo orden mundial” multilateral de Obama y su “antibushismo” relativo
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Alfredo Jalife-Rahme

Como alumbramiento obstétrico, a casi nueve meses del inicio de su presidencia bajo óptimas expectativas mundiales, Barack Obama delineó los cuatro pilares” de su nuevo orden mundial de corte multilateral, en el que opera un neto distanciamiento con su repudiado antecesor unilateralista: 1) un mundo libre de armas nucleares, 2) la resolución del estancado proceso de paz entre palestinos e israelíes, 3) el abordaje del cambio climático y 4) la salida de la crisis financiera global.
Menos contundente de lo que profiere en forma entusiasta el rotativo británico The Guardian (24/09/09), se trata de un antibushismo relativo, que define la vocación de abordaje multilateral de Obama, a diferencia notoria del unilateralismo bélico de su antecesor. Obama no se atreve a pronunciar la “multipolaridad” impronunciable que refleja la inocultable decadencia de Estados Unidos y prefiere la dulzura del término “multilateral”.
Habría que matizar: al corte obstétrico de caja de los nueves meses de su atribulada gestión, Obama manifiesta una personalidad multiforme debido a los amarres gordianos con la anterior administración y con el inexpugnable establishment: el caso de Bob Gates, quien repite en el Pentágono, ya no se diga la gobernación financiera supranacional de Ben Shalom Bernanke, gobernador de la Reserva Federal, y Tim Geithner, anterior gobernador de la Reserva Federal de Nueva York y hoy secretario del Tesoro.
Obama exhibe el “síndrome de multipersonalidad” (que ya habíamos detectado; ver Bajo la Lupa, 5/07/09) que comparte rasgos en sus actos con su antecesor, Baby Bush (desde Afganistán, pasando por el golpe de Estado inducido en Honduras, hasta el avasallante despliegue bélico en Sudamérica), pero también con Gorbachov (la personalidad universal de los dirigentes a quienes les toca administrar la transición de los imperios en decadencia, que el portal De Defensa ha analizado estupendamente), como, en mi muy humilde opinión, con Calderón en el ámbito financiero y económico (obviamente, en su justa proporción).
Si por sus hechos puede ser juzgado, entonces queda claro que en el ámbito financiero y económico Obama reina y Goldman Sachs gobierna en EU.

En el “México neoliberal”, Calderón reina y la dupla Carstens-Ortiz gobierna (ya ni siquiera la medieval plutocracia local). Carstens, quien pudo haber sido hasta secretario de Hacienda del folclórico Juanito, y el cordobista Guillermo Ortiz Martínez (“gobernador” del Banco de México) aplican las recetas tóxicas del FMI del que han sido dilectos funcionarios. Expresado densamente: en el “México neoliberal” Calderón reina y el FMI gobierna.
En el modelo neoliberal global, el verdadero e ilimitado poder, en la fase monetarista y financierista de la economía unipolar, lo detentan los bancos centrales (el “centralbanquismo”) y las secretarías/ministerios del Tesoro/Hacienda/Economía, donde los empequeñecidos “políticos” impotentes y emasculados (es decir, carentes de poder de decisión y orientación) cumplen funciones de registro notarial de los actos y actas de quienes ostentan el descomunal poder unilateral de las finanzas globales en su aplicación local.

De allí que en el modelo neoliberal global –que padece el “síndrome del pollo decapitado”, que sigue dando vueltas como loco después de haber perdido la cabeza, debido a los reflejos innatos primarios que todavía conserva hasta su caída final– los “políticos” (arrumbados en los poderes Ejecutivo y Legislativo) se hayan vuelto parasitariamente irrelevantes e irreconocibles a los ojos de la “división de poderes” de Montesquieu y Locke.
En la tiránica globalización neoliberal, el poder del monetarismo es indivisible cuan invisible, donde no caben los “políticos” ni los jueces –ya no se diga los otros profesionistas de las ciencias y las humanidades–, sino solamente las “leyes del mercado”, que controlan y manejan a su antojo unilateral los gobernadores de los bancos centrales y sus operadores hacendarios con toda su corte y cohorte de milagros: reguladores, calificadoras, contadores, auditores y comentaristas robotizados de los multimedia controlados por la fauna plutocrática.
A Obama –un ser humano, por más superdotado y carismático sea– le tocó lidiar con la fase compleja de transición multidimensional, característicamente “híbrida”, tanto del nuevo orden mundial multipolar (imperativamente hexapolar) como de “desglobalización” (que, por cierto, ya usa felizmente el canciller ruso Sergei Lavrov).
¿Cuál es, entonces, la verdadera personalidad de Obama?
Ya lo habíamos expresado: su muy atractiva personalidad proclive a la desnuclearización, que pareciera una utopía y será sumamente difícil implementar debido a los inmensos intereses del complejo militar industrial en juego, cuando Obama, con su reforma salubre, se tropezó con la montaña de inquebrantables intereses plutocráticos de las parasitarias aseguradoras que convirtieron a los galenos globales en vulgares agentes de ventas, quienes renegaron lastimosamente de su juramento hipocrático.
Obama tuvo una semana frenética desde su exitosa comparecencia en la Organización de Naciones Unidas (ONU) hasta su conducción de la tercera cumbre del G-20 en Pittsburgh, durante las cuales explayó “los cuatro pilares” –que merecen una crítica dialéctica– de su nuevo orden mundial multilateral, que no puede ser desconectado de su abandono, la semana previa, del alucinante escudo misilístico antibalístico bushiano (ver Bajo la Lupa; 23/09/09).
Por ahora nos centraremos sucintamente en el primer pilar, “un mundo libre de armas nucleares”, donde brilla intensamente Obama para quienes hemos sido abolicionistas en forma pública desde hace un cuarto de siglo.
Obama se dio el lujo de presidir una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, por primera vez para un presidente estadunidense, que aprobó una resolución, por desgracia “no-vinculante”, sobre el desarme y la antiproliferación de armas nucleares que forman parte del primer pilar de su nuevo orden mundial multilateral: su temeraria “desnuclearización”.
James Acton y George Perkovich (The Guardian; 23/09/09) celebran la resolución y comentan que “Obama obtiene éxito donde Bush fracasó, al conseguir que el Consejo de Seguridad de la ONU se unifique contra la proliferación nuclear”; agregan que se trata “del primer fruto de la nueva estrategia de Estados Unidos para manejar los peligros nucleares”.
El mismo Obama no se hace ilusiones de las dificultades que esperan a su desnuclearización, cuya aplicabilidad universal tendrá que ser obligadamente homogénea, transparente y sin excepciones teológicas unilaterales, como ha sido el caso con el Tratado de No Proliferación de “dos pesas y mil medidas” practicado selectivamente por Estados Unidos, lo cual lo ha llevado a su inoperancia. ¿Podrá resucitar Obama a ese tratado tan disfuncional?
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Quedemos convencidos de que la ética sí se decide, y lo debe de hacer la comunidad, en consenso, por eso la teoría económica es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos exclusivas de tecnócratas con toga, que se han apoderado de lo que ellos definen como disciplina científica.
Para estos exégetas neoclásicos lo que no puede expresarse en ecuaciones, no es ciencia. Seguramente lo utilizan a manera de escudo, como un mecanismo de defensa. Las nuevas corrientes cargadas de sustentabilidad ambiental están echando por tierra esas creencias.
Es claro que hay una grieta cada vez más ancha entre la economía convencional y las fuerzas del cambio, todavía carentes de un cuerpo teórico coherente.
Pero lo que es indudable es que la ética debe de ser incorporada a esa nueva teoría, sin duda. Aunque se corra el riesgo de emitir juicios de valor.
La regulación se hace necesaria, pero debe de ser ejercida, o al menos supervisada y auditada por la ciudadanía organizada bajo diferentes formas de representatividad. Dejarlo en manos absolutas del gobierno central es una pésima idea y una repetición de errores históricos, que a estas alturas del partido sería imperdonable volver a cometer.
Está el caso de los intereses, los cuales van ligados al nivel de inflación y a un excedente para cubrir gastos de operación, y reservas para capitalizar a las instituciones financieras, es un ejemplo de lo que debe de ser regulado, indudablemente. Nuevamente, la ética debe de ser el marco que rija estas actividades.
¿Competencia perfecta entre pequeños agricultores, cuando éstos venden a los intermediados que son los que fijan los precios? Y ¿quién fija los precios de los insumos agrícolas: semillas, fertilizantes, herbicidas, pesticidas, energía, combustibles y transporte? La idea de la competencia perfecta queda reducida a un sueño de opio.
Wal-Mart es un buen ejemplo de la monopolización globalizada. Canal de venta para mercaderías importadas y que impone condiciones de pago leoninas a proveedores y estrategias ventajosas de comercialización a consumidores.
Estudios hechos en México muestran que por cada tienda que abre esta cadena, cierran alrededor de 60 establecimientos, que en México les llamamos "abarrotes", y en Centroamérica los conocen como "pulperías".
También está el fenómeno de las tiendas de conveniencia que permanecen abiertas las 24 horas y que están arrasando con formas tradicionales del comercio.
La proliferación de franquicias, mayormente extranjeras, asimismo, impulsan la monopolización de los sectores donde operan.
Pero con todo y todo, la forma de monopolización por excelencia en el capitalismo moderno es el sector financiero, sobre todo por el poder incontestable que goza de crear dinero, sin que el mismo gobierno lo rivalice.
Al socialismo soviético, o socialismo real, como alguna vez presumían los rusos, yo no lo llamaría así, pues más bien funcionó como un capitalismo de estado, brutalmente centralizado, tanto en su planeación como en su operación. En realidad ese modelo no alteró en modo alguno la funcionalidad capitalista, simplemente sucedió que un sólo propietario era quien controlaba los medios de producción.
Otra modalidad que existió, pero que es muy poco analizada, fue la del fascismo, y su socialismo nacional. Totalmente de corte autoritario y corporativista. Lo curioso es que, en resultados económicos, funcionó muy bien: mantuvo el pleno empleo, la inflación fue prácticamente no existente, los bancos eran regulados, la deuda externa no era tema de conversación, se creó un aparato de asistencia social formidable y se respetó a la propiedad privada. Sus notas malas eran el autoritarismo, el militarismo, la ausencia de sindicatos, erradicación de la democracia y desaparición de la crítica.
Quizá las preguntas adecuadas serían ¿puede el socialismo funcionar sin la herramienta del mercado? ¿será el socialismo futuro más bien un capitalismo reformado y regulado? ¿aspiramos nuevamente al modelo del estado benefactor (welfare state)?
Por ahora, tomando en cuenta los diferentes ambientes que se van creando en Latinoamérica, no veo nada nuevo bajo el sol, pues lo que se practica, o se pretende practicar de forma alternativa, es una ensalada de keynesianismo, corporativismo, socialdemocracia y estatismo, pero todos regidos bajo la férula de las leyes del mercado.
No quiero decir que esté mal lo que sucede en el continente, al contrario, el panorama es interesante, lo que quiero más bien subrayar es que el modelo auténticamente socialista está todavía por inventarse.
RAFAEL ISÁS |
Por Rafael Isás
Generalmente se le conoce bajo varios nombres: economía subterránea, economía informal, o simplemente mercado negro, pero la cuestión es que existe, vibra con fuerza y se expande con rapidez.
Por lo regular la practican individuos o pequeños negocios que emplean a familiares o personas cercanas al círculo de parientes. Mayoritariamente se concentra en actividades de comercio y de servicios, sin que se desdeñe la existencia de talleres que maquilan piezas, o producen bienes manufacturados.
Prolifera entre la gente la idea de que la economía informal se trata de una salida que encuentran los desempleados para ganarse la vida, pero esa concepción tan limitada le resta su verdadera importancia, ya que más bien constituye un sistema, o subsistema económico paralelo que utiliza también el mecanismo de precios y mercado prevaleciente en las actividades formales.
Por tanto, no es un modelo que opera de forma aislada, sino que se nutre, se interconecta, y por qué no decirlo, da energía al sistema económico visible, aquel que está registrado y vigilado por las autoridades.
El hecho anterior también da cuenta de que la informalidad no es sólo una vía que la gente encuentra para sobrevivir en la jungla del sistema capitalista, sino que es una salida importante para que el capital identifique soluciones a su necesidad inherente de acumularse y reproducirse.
El capital, así, encuentra refugio en actividades que le proporcionan menores costos de operación, sobre todo en la contratación de mano de obra, al no tener que cumplir con obligaciones fiscales, obtención de permisos, tramitación de registros y otras formas “molestas” de legalización de actividades.
Por ello es que en ese mundo, que se mueve con sorprendente eficiencia, no hay contratos, ni facturas, sólo notas o documentos improvisados – una servilleta de papel puede cumplir la función – sin ningún valor legal, pero con validez de compromiso moral, en un ambiente de valores entendidos.
Sin embargo, al utilizar el término, clandestinidad, no quiere decir que se trata en absoluto de operaciones ilícitas, pues para muestra tenemos una lista de actividades interminable: pintores, tianguis, sastres, carpinteros, plomeros, cerrajeros, jardineros, herreros, trabajos agrícolas, maquila de ropa, talleres de todo tipo, servicios domésticos, transportes piratas, gestores, negocios de comida y venta de todo tipo de mercaderías, tanto nacionales como extranjeras.
Sin embargo, el cúmulo de actividades no termina ahí, sino que también adquiere modalidades más sofisticadas, como por ejemplo, médicos que no dan recibos, abogados, arquitectos e ingenieros, corredores de bienes raíces, asesores, etc.
Por supuesto que la economía subterránea tiene, a su vez, su componente ilegal, como lo es el comercio de substancias prohibidas, el contrabando de mercaderías, la práctica de la prostitución, pornografía en todas sus modalidades, tráfico de inmigrantes sin documentos, contratación de sicarios, venta de niños, y de órganos, entre otras actividades abominables.
Por tanto, se concluye que para nada es despreciable el monto de dinero que estas actividades ilegales generan y que, tarde o temprano, viene a nutrir a la economía “legal”, para nombrarla de alguna manera.
Todo lo anterior conduce irremediablemente a pensar que nuestro modelo económico, en la detestable forma que ha adquirido, no podría funcionar sin la existencia de su componente gemelo que se mueve en la clandestinidad, además por la gravedad que adquirirían los estallidos sociales, al no contar con una válvula de escape para darle empleo a tanta gente.
La magnitud precisa que alcanza la informalidad en México aún no se conoce, aunque existen estimaciones que la colocan entre un 30 o 35% del tamaño de la economía real, y según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se asegura que alrededor de una cuarta parte de la población total está inmersa en ella.
Entonces, es fácil darse cuenta que los estudios y análisis que se hacen de la economía convencional se quedan cortos, incompletos y, por tanto, falseados, al no tomar en cuenta el importante componente informal que le sirve como complemento y que opera bajo normas propias.
La clandestinidad adquirió gran impulso al entrar el país en una fase de bajo crecimiento y de crisis recurrentes, fenómeno que se hizo patente desde los años 70’s y 80’s hasta nuestros días.
El problema de la informalidad es sumamente complejo, relativamente poco estudiado - ¿a propósito? – y que, por razones obvias, es alentado desde las altas esferas del poder, tanto por su rentabilidad y por su conveniencia, ya que se trata de un paraíso de evasión fiscal a gran escala, además de ser una fuente de altos ingresos para amplios sectores de la baja y media burocracia, a manera de “favores”, “comisiones” o “mordidas”.
No se necesita ser mago o lector profesional de cartas para darse cuenta que la economía informal llegó para quedarse, pues mientras no se altere en lo fundamental la operación del capitalismo salvaje, la informalidad será un apéndice indispensable para su funcionamiento, además de ser una vía de alivio para una población que sigue creciendo de manera dinámica y que demanda crecientes fuentes de empleo.
Lo demás, serán buenos deseos y discursos vacíos para ocupar encabezados de medios informativos, que no tienen otra cosa que publicar. |
| El contador público Joaquín Sánchez González nos comenta los cabios impositivos propuestos por el gobierno de Felipe Calderón. |
Iniciativa de reformas fiscales 2010 |
Informe de la iniciativa de Reformas Fiscales 2010. El pasado 8 de septiembre de 2008 el Presidente Felipe Calderón presentó al Congreso de la Unión varias iniciativas de reformas a diversas leyes fiscales con el objetivo de incrementar la recaudación para hacer frente a la emergencia económica que está viviendo nuestro país. Las iniciativas plantean en forma general lo siguiente:
1. Creación de la Ley de la Contribución para el combate a la pobreza (LCPP) con un impuesto general a las ventas y servicios a una tasa del 2% sobre la base del efectivo cobrado, exceptuando las exportaciones que estarán gravadas al 0%. Así mismo habrá exenciones de este impuesto para la enajenación del suelo, moneda nacional y extranjera, piezas de oro y plata, partes sociales, muebles usados con excepción de los enajenados por empresas, transporte internacional marítimo de bienes proporcionado por residentes en el extranjero, importaciones temporales y servicios gratuitos. El impuesto tienen un esquema de acreditamiento similar al del Impuesto al Valor Agregado. Y su destino será para combatir la pobreza en el país.
2. Incremento temporal en el tasa del Impuesto Sobre la Renta (ISR) de las personas morales, sube del 28% al 30%, en el caso de las personas físicas la tarifa sufre un ajuste en varios renglones y la tasa marginal del gravamen sube también del 28 al 30% generando un incremento general para el régimen de sueldos y salarios de un 7%. Las tasas reducirán tanto para personas físicas como para personas morales en el 2013 y 2014 al 29% y 28% respectivamente.
3. En el caso de consolidación fiscal, el 60% del impuesto diferido hasta 2004 se enterará con el impuesto de 2010 y solo tendrá el beneficio de diferir el impuesto durante seis ejercicios.
4. Se establece un límite en la deducción de intereses por créditos hipotecarios, únicamente serán
Iniciativa de reformas fiscales 2010
deducibles los intereses por el crédito donde habita el contribuyente y no procederá la deducción de los intereses pagados para otros inmuebles, aunque también sean destinados a la casa habitación. El límite en la exención de ISR a cargo de las personas físicas por la enajenación de casa habitación será hasta por un monto de un millón quinientas mil unidades de inversión
5. Una nueva tasa del 4% en la LEY del Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS) para las telecomunicaciones incluyendo el internet y un incremento a las tasas en la enajenación de tabacos, cervezas, bebidas, alcohólicas, y juegos de apuestas.
6. Se propone modificar el Código Fiscal de la Federación (CPP) para considerar como domicilio fiscal de la empresa, el domicilio fiscal del representante legal, para que sea un lugar donde se pueda oír, recibir y notificar cualquier correspondencia con la autoridad tributaria.
7. La Ley del impuesto al Valor Agregado (IVA) gravará los intereses cobrados a personas físicas que tributen en el régimen de pequeños contribuyentes aunque los prestamos sean para la adquisición de bienes de inversión para el desarrollo de sus actividades o se trate de créditos refaccionarios, de habilitación o avío.
8. En la Ley del Impuesto a los depósitos en Efectivo (IDE) se propone la modificación de la tasa y monto de los ingresos exentos, para gravar los depósitos en efectivo por un monto acumulado que exceda de quince mil pesos, en cada mes del ejercicio fiscal, además la tasa incrementará a 3%.
CPC Joaquín Sánchez González
Socio - Director
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Diario Oficial de la Federación
SECRETARIA DE COMUNICACIONES Y TRANSPORTES 
SECRETARIA DE ECONOMIA 
BANCO DE MEXICO 
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Ofrece Chomsky conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl
Guerra, drogas y política, elementos del mundo bipolar |
Todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, llamados intelectuales
Las elecciones en EU, montajes espectaculares
Blanche Petrich |
Introducción
¿Qué lecciones nos han dejado dos décadas de una realidad mundial unipolar?
Noam Chomsky disertó ayer por la tarde largamente sobre esta pregunta y dejó en oídos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras públicas y universitarias que se enlazaron para enviar la señal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala, Yucatán, Durango y Nuevo León, además de por La Jornada on line.
Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercancía con una mercadotecnia tan exitosa, que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Más famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un fármaco.
O la idea de que la invasión estadunidense a Panamá, en 1989, hoy apenas una nota a pie de página para muchos, fue en realidad la señal de que Wa-shington iniciaba, a través de la ficción de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominación, cuando apenas habían pasado algunas semanas de la caída del Muro de Berlín.
O bien, un dato puntual, asombroso: la “preocupación” manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para América Latina en el Pentágono, de que una eventual “apertura democrática” en México osara desafiar a Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer a nuestro país un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994.
Así, la reseña de Chomsky de las dos últimas dos décadas llegó al momento actual, al proceso de remilitarización de América Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivación de la Cuarta Flota de su armada.
Todo, para aterrizar en la visión de un continente, el nuestro, que pese a todo “comienza a liberarse por sí solo de este yugo”, con gobiernos que desafían las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significación.
Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el académico todavía tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramírez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso político Ignacio del Valle, la cual agradeció al conferencista que fuera firmante de la segunda campaña por la libertad de 11 presos, le regaló su paliacate rojo y, por supuesto, también su machete.
**Enseguida se reproducen las palabras de Noam Chomsky en la sala Nezahualcóyotl:
Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: “Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester”. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa. En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama “intelectuales” y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.
Los “principales arquitectos”
Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los “principales arquitectos” de políticas públicas en Inglaterra eran los “comerciantes y los fabricantes”, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por “gravoso” que fuera el efecto en otros –incluido el pueblo de Inglaterra– y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren “la salvaje injusticia de los europeos” en otras partes.
Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.
La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.
Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los “comerciantes y los fabricantes”, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.
Una refinada versión actual de la máxima de Smith es “la teoría de la inversión en política”, desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.
Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.
Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público –lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis–, apuntan los editores. Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.
Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.
Estados Unidos no es una “democracia guiada” como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.
Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.
En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones. Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.
Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.
La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas. A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen “criminal”. Su crimen era haber “logrado desafiar” políticas estadunidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.
Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agroempresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas. En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo “el principio de la Mafia”. El Padrino no tolera que nadie lo “desafíe y se salga con la suya”, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien “logre desafiar” al Amo puede volverse un “virus” que “disemine el contagio”, por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.
Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadunidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadunidense hacia Irán a partir de 1979.
Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.
Por ejemplo, cuando Wa-shington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar “consolidar un orden en ninguna parte del mundo”, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La “credibilidad” de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar “salirse con la suya en el desafío” si el “virus” chileno no era destruido antes de que “diseminara el contagio”. Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.
Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.
Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el “momento unipolar”, que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa “conspiración monolítica y despiadada” para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.
Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.
La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la “guerra contra las drogas”, pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.
“Sofisticación tecnológica” en el tercer mundo
La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la “sofisticación tecnológica” de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la “base industrial de defensa”, eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no “haríamos responsable al Kremlin” de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.
Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo.
Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una “guerra a las drogas”, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una “revolución normativa” que confería a Estados Unidos el derecho a una “intervención por razones humanitarias” escogida por definición, por la más noble de las razones.
Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura “el así llamado ‘derecho’ a una intervención humanitaria”. Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de “responsabilidad de proteger”. Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su “responsabilidad de proteger” de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.
Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.
A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, “un esto por aquello, una reciprocidad”. El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario soviético “que la organización se transformaría en un ente más político”. Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una “zona de paz” que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.
Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.
Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: “No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles”.
Se refería a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.
Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una “fuerza de respuesta de OTAN”, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos “mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas”, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.
El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que “las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente” y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras “cruciales infraestructuras” del sistema energético. Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses. La meta es “bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán”, y “disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central”, según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo “gran juego” en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.
Largas filas en torno a la Sala Nezahualcóyotl, en el Centro Cultural Universitario Foto María Meléndrez Parada
Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un “virus” que pueda “diseminar el contagio”, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.
Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta “gran área”, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un “poder incuestionable”, una “supremacía militar y económica”, y actuaría para garantizar “los límites de cualquier ejercicio de soberanía” por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.
Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su “función”. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación. En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que “explotara” su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una “estupenda fuente de poder estratégico” y uno de los “premios materiales más grandes en la historia del mundo”: la más “importante de las áreas estratégicas del mundo”, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el “control sustancial del mundo”.
Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: “Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies”, declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el “disuasivo británico”, el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.
Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella –explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower–, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una “campaña de odio contra nosotros”, como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero “por qué nos odian” y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.
Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los “regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población” y buscan satisfacer la “demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas” y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país. Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de “un clima económico y político que propicie la inversión privada”, con la adecuada repatriación de las ganancias y la “protección de nuestras materias primas”. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.
TLC, “cura recomendada”
En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran “extraordinariamente positivas”, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de “una ‘apertura a la democracia’ en México”, la cual, temían, podría “poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas”. La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que “encerrara al vecino en su interior” y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que “ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos” mexicanos en materia de políticas económicas.
En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.
Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: “no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia”. No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que “la libre circulación de mano de obra” es la piedra fundacional del libre comercio.
La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarización de la frontera fue un remedio natural.
Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países –conocidos como “extranjeros ilegales”– son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos. Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadunidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de “ni perros ni irlandeses” no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.
Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los “extranjeros ilegales”. Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son “personas”, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados “acuerdos de libre comercio”. Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.
El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.
En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.
En ese punto, el asesor definió la “relación especial” con el Reino Unido. “Gran Bretaña –dijo– es nuestro teniente”; el término más de moda hoy sería “socio”. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como “nuestros tenientes”. Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadunidenses, o volverse “irrelevante”. Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.
Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como “socios” y únicamente en privado continúa tratándolos como “tenientes”, como “subordinados”. Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.
Tecnología de la destrucción
El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos. En estas regiones está estableciendo, además, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.
El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadunidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador. Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus “variadas operaciones”, acciones “contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral”. Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.
La preocupación de los sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadunidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el “sitio de seguridad cooperativa” desde el cual “puedan ejecutarse operaciones de movilidad”. El informe anota que, desde Palanquero, “casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible”. Esto podría formar parte de “una estrategia global en ruta”, que “ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África”. Por ahora, “la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano”, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.
Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.
La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir “pandillas de jóvenes” y “populismo radical”, término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.
El pretexto es la “guerra contra las drogas”, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una “guerra” en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.
Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la “guerra contra las drogas” no son los que se anuncian. Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de “limpieza social” en lo interno, enviando enormes números de personas “superfluas”, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.
Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente “tripolar”, con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal “Consenso de Washington”.
También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Sudamérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente. He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales. Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos. Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.
Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.
Traducción: Ramón Vera Herrera |
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