Columna |
|---|
BarloventoSotavento Por Raúl Hernández Rivera |
|---|
México, D.F., miércoles 3 de junio del 2009 Invitado a Manzanillo por la Unión Nacional de Organizaciones Portuarias (UNOP para los cuates) en 1988, me tocó compartir la habitación en el antiguo hotel Colonial de la ciudad puerto, con Don Eme. Editaba entonces el suplemento de Comercio Exterior para el Universal. Luego de cenar y de una larga plática, consideré que debía dejar descansar al viejo líder y le dije: Don Eme, nos tenemos que levantar muy temprano, por lo tanto, voy a dormir. Si quieres, porque yo tengo que estudiar, me contestó. “Dirás que estoy loco y que por mi edad no debo hacerlo, pero sucede que estoy cursando la carrera de Derecho, pues quiero prepararme más para defender mejor a mis compañeros”. Sentí mucha vergüenza. Ese hombre de casi 70 años me daba una lección. A las seis de la mañana me desperté y vi la cama de Don Eme vacía. Creí que se había puesto mal pues oí algunos pujidos. Al incorporarme me sorprendió ver a Don Eme haciendo abdominales en el piso. Asomaba la cabeza con las manos en la nuca mientras enrojecía mi cara ante el ejemplo. Más vergüenza me dio, atónito lector.
Ayer 2 de junio a la edad de 98 años, murió Don Emeterio Deloya Cárdenas en una clínica del IMSS en el puerto de Acapulco, ciudad donde residía en una sencilla casa del barrio de La Candelaria que compartía con su esposa Doña Carmelita Cortes, lideresa de mujeres lavanderas del puerto y tremenda luchadora social. Nos dejó muchas lecciones. Hombre de principios y honestidad a toda prueba, ante el embate corruptor del sistema que le ofreció poder, dinero, diputaciones y senadurías para que aceptara la privatización de los servicios portuarios que orquestó Salinas de Gortari y que culminaría con la requisa del puerto de Veracruz el 1 de junio de 1991. No se dobló. Mucho menos se quebró. Erguido siempre, de 1.80 de estatura, con dos tenazas como brazos, saludó siempre con gentileza con su enorme mano derecha bien abierta. Y en cada nuevo sexenio expresaba con paciencia: “a los nuevos funcionarios tenemos que enseñarles la problemática portuaria, para que al final del sexenio, se vayan y vengan otros para volverles a enseñar, para que finalmente no resuelvan nuestros problemas”, defraudado lector. Hace poco más de una semana, Cecilio Lepe Bautista recibió “de manera muy especial el reconocimiento por su trayectoria en materia portuaria y por la labor de anticipar y procesar los cambios necesarios para modernizar las maniobras portuarias y promover la capacitación de los trabajadores en las nuevas tecnologías”, en el marco de la celebración de los 90 años de la Unión Nacional de Estibadores y Jornaleros del Pacífico (UEJP) del puerto de Manzanillo, dice el boletín de la SCT. De Don Emeterio, ni se acordaron. Años atrás, él, junto con otros aguerridos sindicalistas en Acapulco, había participado en la lucha democrática obrera dentro de la UEJP, de la CROM al impedir que un barco que traía carga fuera tomado por grupos adversarios que les querían arrebatar su medio de subsistencia y su agrupación sindical. Hubo un tiroteo, pero Don Eme y sus seguidores lograron su objetivo, tozudo lector. Cecilio Lepe (más conocido en el bajo mundo como Chilo), en cambio, fue presidente municipal de Manzanillo, Diputado Federal, y asesor (y al mismo tiempo líder de la Federación Nacional de Trabajadores de Transportes y Maniobras Marítimas y Terrestres –FTTMMT- y secretario de la UEJP) de Roberto Ríos Ferrer, Vocal ejecutivo de Puertos Mexicanos, quién aplicó la “Operación Corsario” el 1 de junio de 1991 para requisar el puerto de Veracruz. Chilo, involucrado recientemente en la designación del candidato del PRI para gobernador de Colima dio la espalda al actual gobernador Silverio Cavazos. Además, Chilo ha presionado a los diferentes coordinadores de Puertos y Marina Mercante para conseguir puestos privilegiados a sus hijos. Desde que Juan Filigrana fuera director de la Empresa de Servicios Portuarios en 1988 en donde Chilo “consiguió” un puesto con sueldo privilegiado al Junior, hasta la actualidad, destaca la penosa actuación de Cecilio, su hijo (Chilito, para los cuates) quien estuvo a cargo de los transbordadores que dan servicio en la Paz, Baja California Sur, encargado de las relaciones públicas del puerto de Altamira, entre otros cargos. Los funcionarios “se ven obligados” a contratar a los familiares del líder “modernizador de las maniobras portuarias” y en especial a Chilito, enchilado lector. Para quitárselo de en medio, Cecilio Lepe hizo que Emeterio Deloya se jubilara Mientras Cecilio aceptó incondicionalmente la privatización portuaria en Manzanillo, a pesar de que siempre había declarado y prometido a sus compañeros gremiales que “no cederían ante las presiones” y que la Unión estaba lista y con el dinero suficiente para adquirir la concesión de las maniobras”, dijo en un discurso en 1989. Es más, acepto “la rendición de cuentas” del Fideicomiso Fondo para Pensiones de Trabajadores Portuarios que a junio de 1990 el resultado del ejercicio daba un monto de 4,144’275,081 pesos viejos (el propio Secretario de Trabajo, Arsenio Farell Cubillas, confesó a éste reportero que el monto era de 75 mil millones de pesos viejos). Ese fideicomiso se nutría del 5% del monto manejado en los puertos de altura nacionales y lo pagaban a regañadientes, los agentes navieros y agentes aduanales. Chilo aceptó sin más el “Proyecto de Modificaciones al Contrato de Fideicomiso propuesto por el fiduciario Banco Mexicano Somex en 1990 (y cuya copia obra en poder del que esto escribe), preámbulo de la privatización portuaria. Estaban inscritos sus hermanos Juan José y Nicolás Lepe Bautista, así como su sobrino Jorge Díaz Bautista. Con el Acuerdo No 4/89 compraron un inmueble en la ciudad d México con fondos del Fideicomiso, para la FNTTMMT que lidereaba Chilo, en ese mismo día, Chilo aceptó, junto con otros líderes portuarios, “los términos de estudio actuarial propuestos por el despacho Farell Actuarios Asociados, S.C. Dato curioso es que ese despacho llevaba el apellido del que fuera Secretario del Trabajo y Previsión social en la administración de Salinas de Gortari. A Don Emeterio Deloya le asignaron una pensión de de 250 pesos mensuales. Puro chilaquil, retenchilado lector.
Frente a todo esto, Don Emeterio se mantuvo firme y recto. No se dobló. Como no claudicó a sus ideas cuando López Mateos recibió a Dwigt D. Eisenhower en el yate presidencial “Sotavento” (una pequeña embarcación de apenas 56 metros de eslora cuyos herrajes provenían de Ferretería Muñúzuri y que Miguel Alemán había encargado a los astilleros de Nueva Orleáns a un costo de 600 mil dólares, en tanto que su homologo estadunidense llegó en una embarcación de casi 100 metros de eslora con herrajes plateados y escoltado por dos submarinos que ocultos en el fondo de la bahía de Acapulco vigilaban el encuentro) y él, Don Eme, junto con Nicolás Román Benitez fue encarcelado “por comunista” y por la seguridad que exigía la presencia de tan distinguido visitante (do you remember). Tampoco se dobló Doña Carmelita, su esposa (enorme compañera) y lideresa de las lavanderas de Acapulco, quienes llegaron al muelle del Club de Skies en donde atracaba el “Sotavento” con sus destacados ocupantes dando cuenta de una opípara cena y frete a los ex jugadores de futbol americano que traía Ike (llamados T-men) como escolta, gritaron con todas sus fuerzas: “Go home, sanababiche, huevo de pípila”, entre muchas sonoras trompetillas y silbidos recordatorios de presidencial progenitora, mentado lector. Pero… ¿qué tanto peleaba Don Eme? preguntará cualquiera por sentido común. Déjeme y le cuento. En mayo de 1991, el costo de carga o descarga (de muelle a barco y viceversa) en la Terminal portuaria de Veracruz, era de 1,400 pesos viejos por tonelada, de acuerdo a la tarifa autorizada por la dirección general de Tarifas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Cuatro meses después de la “Operación Corsario” con la que Ríos Ferrer, “asesorado” por Chilo Lepe, requisó el puerto veracruzano dando inicio a la privatización portuaria ideada por Salinas de Gortari, la misma maniobra tenía un costo de ¡14, 000 pesos viejos!, autorizada por la misma dependencia de la SCT. Esto dejaba (y sigue dejando) fuera de competencia a las mercaderías de los pequeños y medianos productores mexicanos, con lo que provoca, entre otras cosas, el éxodo de brazos al vecino país de norte para subsidiar aún más los productos agrícolas estadunidenses, empobreciendo más y más nuestra economía. Hoy, se ve, la privatización beneficia a las trasnacionales. Acapulco, al igual que Topolobampo son los dos únicos puertos naturales que no requieren del costoso dragado para mantener profundidad, ya que tan sólo a costado de muelle existe una profundidad de 59 metros. Hoy, Acapulco es una terminal privada que maneja Transportación Marítima Mexicana. Sin embargo, esa privatización deja fuera a varios empresarios mexicanos que apoyaron y orquestaron la campaña descalificadora de los trabajadores portuarios. Don Emeterio no sólo defendía a sus compañeros trabajadores portuarios, sino que defendía a todos los productores mexicanos que se pudieran beneficiar de la privilegiada posición geoestratégica que tiene nuestro territorio nacional y de las ventajas que ofrece el hecho de que nuestro país sea uno de los veinte del mundo con salidas a los dos mares mas importantes del orbe, desorbitado lector. Trovador de veras, Don emeterio tocaba la guitarra lanzando a quien quisiera escucharlo, canciones acordes a su condición de ser humano libre y congruente con su entorno. Lo mismo cantaba con ternura una letra compuesta para su adorada Carmelita, que una letra aguda y crítica del sistema que nos ahoga, decía, “y que ha dado pruebas de inviabilidad”, remataba. Quien lo haya visto en el alijo con el agua casi hasta el cuello en su juventud, descargando las barcazas que se acercaban a la playa con mercaderías de los barcos fondeados que las traían de lugares remotos, o quien lo haya oído en las reuniones con “los especuladores de la política portuaria” iniciando una tremenda discusión diciendo con voz pausada: “y por supuesto que no quiero levantar una polémica, pero opino que los funcionarios presentes no saben de lo que hablan…”, no podía dar crédito a la sensibilidad que derrochaba en sus cantos y a la amistad que patentaba cada vez que tuve el privilegio de hablar con él. Don Emeterio Deloya Cárdenas era el último líder portuario auténtico y luchador social como pocos. Eduardo Medina Urbizu (ya fallecido también), oficial mayor de la SCT con Walter C Buchanan y durísimo apoderado legal de las empresas de Servicios Portuarios durante más de doce años, dijo de Don Emeterio: es un hombre honesto, muy honesto he inflexible si se trataba de ir en contra de sus convicciones. La mayoría de los empresarios lo respetaban. Otros le temían, muchos lo detestaban por afectar a sus intereses, pero a nadie le he oído decir que Don Emeterio fuera corrupto, incluyendo a sus compañeros, los trabajadores portuarios del país a quienes defendió con firmeza y quienes lo traicionaron con vileza. Don Eme murió con dignidad y nos dejó su ejemplo, su canto de libertad y su coraje como recuerdo, emotivo lector. Aún falta mucho que decir de Don Eme que siempre navegó a sotavento, pero también falta mucha programación del portal www.elbarlovento.com.mx que desarrollar. Hasta la próxima, con más de EL CONCEPTO INTEGRAL DE COMERCIO EXTERIOR. columna@elbarlovento.com.mx |